¿Qué es la ansiedad y cuándo deja de ser “normal”?
La ansiedad, en sí misma, no es algo negativo. Es una respuesta natural del organismo frente a situaciones de peligro, incertidumbre o desafío. Nos prepara para reaccionar, tomar decisiones y protegernos.
Hablamos de ansiedad adaptativa cuando:
Aparece ante una situación concreta
Tiene una intensidad manejable
Desaparece cuando el estímulo pasa
El problema surge cuando la ansiedad:
Se mantiene en el tiempo
Aparece sin una causa clara
Interfiere con el trabajo, las relaciones o el descanso
Se manifiesta principalmente a través del cuerpo
En estos casos, ya no cumple una función protectora, sino que se convierte en una carga constante.
Cuando el cuerpo habla: síntomas físicos de la ansiedad
La ansiedad no se queda solo en la mente. El cuerpo también participa y muchas veces toma la delante
Algunos síntomas de ansiedad en adultos frecuentes son:
Palpitaciones o sensación de taquicardia
Opresión o dolor en el pecho
Nudo en la garganta o dificultad para tragar
Mareos o sensación de inestabilidad
Tensión muscular constante
Problemas gastrointestinales (náuseas, colon irritable, dolor abdominal)
Fatiga persistente o sensación de estar “en alerta” todo el tiempo
Estos síntomas no son imaginarios ni exagerados. Son la expresión física de un sistema nervioso que lleva demasiado tiempo activado.
La ansiedad física aparece cuando el cuerpo intenta liberar una tensión emocional que no ha encontrado espacio para expresarse de otra forma.
Causas frecuentes de ansiedad en adultos en Perú
La ansiedad no aparece en el vacío. En la vida adulta, suele estar vinculada a múltiples factores que se acumulan con el tiempo.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
Estrés laboral crónico y presión por el rendimiento
Preocupaciones económicas constantes
Sobrecarga de roles (trabajo, familia, cuidado de otros)
Duelos no elaborados (pérdidas, separaciones, cambios vitales)
Falta de descanso emocional y espacios personales
Historia previa de exigencia, inseguridad o control
Muchas personas han aprendido a “seguir funcionando” aun cuando por dentro están agotadas. El cuerpo, entonces, se convierte en el lugar donde esa ansiedad encuentra salida.
Qué no ayuda (aunque solemos hacerlo sin darnos cuenta)
Cuando la ansiedad aparece, solemos reaccionar de formas bien intencionadas, pero poco efectivas:
Evitar todo lo que genera ansiedad: a corto plazo alivia, pero a largo plazo refuerza el miedo.
Autoexigirse aún más: “tengo que poder”, “no debería sentirme así”.
Normalizar el malestar: vivir con síntomas constantes como si fueran parte de la rutina.
Automedicarse sin acompañamiento: calmantes, alcohol o soluciones rápidas que no abordan la raíz.
La ansiedad no se resuelve ignorándola ni luchando contra ella. Se transforma cuando es comprendida y acompañada.
Tratamiento de la ansiedad: ¿qué ofrece la terapia psicológica?
El tratamiento psicológico para la ansiedad no busca “eliminar” emociones, sino ayudar a regularlas y entender su origen.
En terapia, se trabaja a través de:
Psicoeducación: comprender qué es la ansiedad y cómo funciona en tu cuerpo.
Registro de pensamientos: identificar patrones mentales que activan o sostienen el malestar.
Exposición gradual: aprender a enfrentar lo que se evita, de forma segura y acompañada.
Técnicas corporales y de regulación: respiración, conexión cuerpo–emoción, descarga de tensión.
La terapia no es solo para cuando “ya no se puede más”. Es un espacio para aprender a escuchar lo que el cuerpo viene diciendo hace tiempo.
En Mente Bonita, ofrecemos terapia psicológica online, adaptada a adultos que buscan entender su ansiedad sin juicios y con acompañamiento profesional.
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Preguntas frecuentes sobre ansiedad en adultos
¿Cómo sé si lo que siento es ansiedad o algo físico? Ambas cosas están conectadas. Ante síntomas persistentes, siempre es importante una evaluación médica inicial. Si no hay una causa orgánica clara y el malestar continúa, la ansiedad puede estar jugando un papel central.
¿La ansiedad se cura? La ansiedad se puede tratar y regular. Muchas personas aprenden a manejarla de forma saludable, reduciendo significativamente sus síntomas y recuperando bienestar.
¿Cuándo conviene ir al psicólogo y cuándo al médico? Al médico, cuando hay síntomas nuevos o intensos para descartar causas físicas. Al psicólogo, cuando el malestar persiste, se repite o afecta tu calidad de vida, incluso si “todo sale bien” en los exámenes.
