Más que un “egoísmo”
Decir “no” o marcar hasta dónde llegamos no es ser egoísta, frío o insensible. Es reconocer que tenemos necesidades, tiempo y energía limitados. Poner límites no es rechazar a los demás, sino aprender a estar presentes sin vaciarnos en el intento.
Detrás de frases como “si no cedo, me dejarán de querer” o “tengo que aguantar porque es mi familia”, suele esconderse el miedo al rechazo y la costumbre de postergar el propio bienestar. Pero poner límites no destruye vínculos: ayuda a que se sostengan en respeto mutuo.
“Pensé que decir que no iba a alejar a mis amigos, pero descubrí que los que realmente me quieren, me entienden y me respetan.”
Mitos que debemos dejar atrás
“Poner límites es ser mala persona” — Falso. Cuidarte no te convierte en alguien malo, te convierte en alguien consciente de su valor.
“Si digo que no, me voy a quedar sola” — No es cierto. Las relaciones sanas no dependen de que te sacrifiques, sino de que exista equilibrio.
“Debería poder con todo” — Irreal. Nadie puede con todo, y pedir espacio o ayuda es un signo de fortaleza, no de debilidad.
5 pasos para poner límites sin culpa
Reconoce tus necesidades Antes de hablar con otros, conéctate contigo. ¿Qué te incomoda? ¿Qué te está drenando energía?
Empieza con límites pequeños No necesitas cambios drásticos. Prueba diciendo “no puedo hoy” o “prefiero que sea otro día” en situaciones simples.
Comunica con claridad y amabilidad Un límite no es un ataque. Puedes expresarlo desde el respeto: “Te aprecio mucho, pero necesito descansar”.
Tolera la incomodidad inicial Es normal sentir culpa al principio. Recuerda que poner límites es un hábito que se fortalece con la práctica.
Rodéate de personas que respeten tus límites Si alguien insiste en cruzarlos, no es un error tuyo: es una señal de que esa relación necesita replantearse.
“Aprender a decir que no me permitió volver a decirme sí a mí misma.”
No eres egoísta por cuidar tu espacio
Poner límites no significa dejar de querer. Significa querer mejor, empezando por ti. Es una forma de respeto hacia ti y hacia los demás, porque solo desde un lugar de equilibrio puedes estar presente de verdad.
En Mente Bonita, creemos que cada “no” que pones afuera es un “sí” que te das a ti. Poner límites no es perder a los demás: es recuperar tu propia voz.
Un ejercicio para ti
Piensa en una situación reciente donde sentiste que cediste más de lo que querías. Respóndete:
¿Qué necesitaba realmente en ese momento?
¿Qué me impidió decir lo que sentía?
¿Qué límite hubiera querido poner?
¿Cómo puedo expresarlo de manera clara y amable la próxima vez?
Este ejercicio puede ayudarte a transformar la culpa en claridad y autocompasión.
Habla, comprende, sana
Cuidarte no te hace egoísta: te hace humano. Poner límites es un aprendizaje que se construye paso a paso, con práctica y acompañamiento.
“Decir no también es un acto de amor.” — Fátima Alberca, psicóloga clínica en Mente Bonita
Si te cuesta poner límites sin sentir culpa o miedo al rechazo, agenda una consulta con la psicóloga Fátima Alberca. Empieza a construir relaciones más sanas contigo y con los demás.
